En primer plano: Santo Domingo Taquería

Te presentamos a la persona que está detrás de Santo Domingo Taqueria, que celebra 20 años al servicio del barrio de Cully, un hito extraordinario basado en el coraje familiar, el apoyo de la comunidad y un profundo vínculo con el hogar.

Cuando Gloria y su marido, Abraham, se hicieron cargo por primera vez de aquel pequeño local de taquería hace dos décadas, no tenían experiencia en el sector de la restauración, ni formación oficial, y tenían tres hijos pequeños en casa. Lo que sí tenían era el apoyo de su familia, la voluntad de dar el salto y la convicción de que merecía la pena aprovechar esa oportunidad, situada a solo unos pasos de la casa donde criaban a sus hijos.

El local, que antes era otra taquería, era un sitio por el que la familia pasaba a menudo. Cuando se enteraron de que el negocio estaba en venta, la pregunta fue sencilla: «¿Por qué no nosotros?». Los primeros años fueron difíciles, pero la familia los superó unida, empezando con un equipo de cuatro personas en el que estaban Gloria y su marido.

Al igual que muchas pequeñas empresas, los recursos eran limitados. Una vez que la familia se puso en contacto con las organizaciones locales que prestan apoyo a las pequeñas empresas, como Our 42nd Avenue, Hacienda y Prosper Portland, comenzó a acceder a una variedad de servicios y herramientas que le ayudaron a fortalecer el negocio.

Desde el principio, Santo Domingo Taquería se basó en la tradición. La carta se inspiró en recetas familiares y en los sabores de Tepelmeme, Villa de Morelos, la localidad natal de Gloria, en la región de Oaxaca: platos pensados para resultar familiares y reconfortantes. Esa autenticidad contribuyó a que la taquería se convirtiera en algo más que un restaurante: pasó a ser un lugar de encuentro.

Durante casi una década, la familia también regentó una pequeña tienda anexa al restaurante, que atraía a los vecinos en busca de aperitivos y productos de primera necesidad. Con el paso del tiempo, Santo Domingo se convirtió en un punto de encuentro del barrio, un lugar donde la gente se cruzaba con compañeros de clase, con padres en las reuniones del colegio y con viejos amigos.

La comunidad siempre ha sido el corazón de Santo Domingo Taqueria. La familia lleva mucho tiempo participando en los mercados de agricultores locales, en eventos escolares y en iniciativas vecinales. Durante la pandemia y otros momentos difíciles, contribuyeron a la comunidad mediante programas de comidas gratuitas, repartos de comida y jornadas de recaudación de fondos cuyos beneficios se donaron a organizaciones sin ánimo de lucro y clínicas locales. Incluso ahora, cuando el miedo y la incertidumbre han hecho que algunos miembros de la comunidad se queden en casa, la familia sigue adaptándose y apoyando a su comunidad ofreciendo pedidos online, opciones de entrega a domicilio y manteniéndose en contacto regularmente con los vecinos.

Esa misma resiliencia define su expansión. Tras años en los que el local original se les quedó pequeño, la familia tomó la decisión conjunta de abrir un segundo restaurante, Domingo’s —una oda a Santo Domingo y un homenaje a la historia familiar—. Fue un salto que requirió confianza, ahorros y, una vez más, trabajar juntos. No solo se trata de un segundo local, sino que además son los orgullosos propietarios del edificio y del negocio.

Tras veinte años de trayectoria, Santo Domingo Taqueria sigue siendo un ejemplo de lo que se puede lograr con perseverancia y una comunidad sólida. Es un lugar donde se trata al personal como si fuera de la familia, se conoce a los clientes por su nombre y la comida se sirve con cariño. Llueva o haga sol, las puertas permanecen abiertas, porque el simple hecho de estar ahí siempre ha formado parte de nuestra misión.

Ahora que Santo Domingo Taqueria celebra este hito, la celebración no se limita a la longevidad, sino que gira en torno al legado, al sentido de pertenencia y a la comunidad que lo ha hecho todo posible.

¿Qué es lo que más le gusta de tener una pequeña empresa?

Leslie: De una forma u otra, podemos estar juntos; tenemos el privilegio de formar parte, aunque sea en pequeña medida, de un engranaje más amplio. Cada uno de nosotros tiene un papel diferente, y podemos apoyarnos mutuamente si es necesario. Nosotros (James, Leslie y Diego) hemos crecido aquí, así que hemos adquirido muchas habilidades muy valiosas a lo largo del camino. Pase lo que pase, todos hemos aprendido juntos, hemos crecido juntos y queremos seguir formando parte de nuestra comunidad.

¿Qué papel desempeña la comunidad?

Leslie: No seríamos quienes somos sin la gente que nos rodea, y para nosotros eso es el barrio de Cully. Cuando empezamos, nos recibieron con los brazos abiertos y nos cuidaron en las buenas y en las malas. Durante la pandemia de COVID, todos los que nos rodeaban se unieron para apoyarnos. En los últimos seis meses, con las redadas de ICE, todos hicieron lo mismo. No habríamos podido superar nada de esto sin nuestros clientes habituales y esta comunidad. Nos gusta pensar que aquí hemos creado una familia. Así que, en realidad, esta comunidad es nuestra mayor fuente de ánimo y nuestra motivación para seguir adelante incluso en los momentos más difíciles.

¿Cuál ha sido su mayor éxito?

Leslie: ¡Cumplir 20 años! Y el siguiente gran logro es que hemos podido abrir nuestro SEGUNDO local gracias al crecimiento de esta pequeña taquería.

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